Bolivia gira a la derecha mientras la izquierda sigue en desbande
- boliviamultipolar
- 5 dic 2025
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La izquierda boliviana llegó a las elecciones de este 2025 totalmente desorientada, para decir lo mínimo, después de cuatro períodos de gobiernos constitucionales que no solo sirvieron para administrar el Estado, sino que –y talvez lo más importante– pretendieron cambiar las bases mismas y la estructura de ese viejo Estado colonial que durante 180 años había marcado el rumbo del país.
Por esa desorientación, entre otras razones, a nadie sorprendió no precisamente el triunfo de la derecha, sino más bien la derrota catastrófica de la izquierda y de todas las expresiones del campo popular.
Si bien, en la previa de la primera vuelta electoral, la del 17 de agosto, había opiniones optimistas sobre los resultados que se obtendrían ese domingo fatídico, tras conocerse los resultados oficiales nadie en su sano juicio se atrevió a buscar alguna disculpa o justificación. La responsabilidad compartida se hizo cargo de todos quienes, de una u otra manera, llevaron al Proceso de Cambio, a la Revolución Democrática y Cultural, al borde de su extinción.
El voto nulo y el mal menor
Los sectores más radicales del campo popular desarrollaron en estos comicios electorales presidenciales dos estrategias diferentes en las dos rondas o vueltas de sufragio. Por una parte, para la primera ronda, el radicalismo apuntó a lograr a través del voto nulo la deslegitimización de las elecciones. Al parecer la estrategia pasaba por lograr que el voto nulo superara la votación de los candidatos ubicados en los primeros lugares, si es que no se alcanzaba el 51%, con lo cual se habría mostrado el rechazo ciudadano a la inhabilitación del candidato del área radical y, desde luego, se habrían sentado las bases para quitar legitimidad a los que pasasen a la segunda vuelta.
Sin embargo, y pese que los votos nulos alcanzaron un nivel considerable, en comparación con la totalidad de los comicios realizados en los últimos 25 años, superando de lejos la media de 4% y 5% registrada históricamente, no logró el impacto deseado, principalmente ante la sorpresiva votación del candidato ganador de esa primera vuelta. Ese candidato que había permanecido escondido en la preferencia preelectoral y que fue, entre otras, una de las causas para el descalabro de las empresas encuestadoras y sus medios de comunicación padrinos, dejó sin discurso a esa ala radical puesto que la artillería parecía estar dirigida únicamente contra los tradicionales representantes de la derecha oligárquica del país en sus distintas versiones.
El monstruo de varias cabezas, la derecha representada por Tuto, Samuel o Manfred, como sus principales expresiones, unos supuestamente más radicales y otros más moderados, había sido derrotado por un par de dizque outsiders de la política nacional, a quienes las encuestas y sondeos de opinión no les daban ni el 5% en la votación. Con muy poca inversión económica en campaña, acudiendo más bien a formas alternativas de hacerlo, mostraron un fenómeno nuevo en nuestra política, que desde luego merece un análisis por separado y mucho más profundo que estas líneas de coyuntura.
Y he aquí que el sector radical, principalmente, pero casi toda la izquierda derrotada en las elecciones de agosto, vuelve a equivocarse en sus cálculos y a nombre del mal menor, desarrollan subyacentemente una campaña de apoyo a favor de los sorprendentes outsiders criollos. Por ahí puede explicarse, en gran medida, la votación alcanzada por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) en la segunda vuelta, en octubre, esa diferencia de 10 puntos con relación a su ocasional adversario.
El pronto desencanto
El desencanto no tardó en llegar. El romance oculto entre el radicalismo e incluso algunos círculos de la izquierda perdedora de las elecciones se rompió rápidamente. Y aquí nadie podrá hablar de engaño o traición.
En ningún momento el candidato ganador, presidente electo del país, ofreció algo distinto de lo que ha venido haciendo en el curso de estas dos semanas.
Su discurso estuvo sostenido por una frase que podría no significar nada si no se le presta atención, pero que en sí es todo un programa de gobierno claro y concreto, si se lee y entiende con calma. “Capitalismo para Todos”, eso es más que la forma resumida de identificarse con una posición política, ideológica y económica, desde luego, de manera por demás evidente.
Sus primeras medidas, en realidad sus primeros anuncios, apuntaron a establecer claramente hacia donde irá su Gobierno. No se guardó mucho para lo que viene y pienso que todos tienen clara la línea que tomara el próximo Gobierno en varios aspectos, más allá de sus supuestas promesas electorales.
En las relaciones exteriores, que es donde con mayor franqueza ha hablado, se reanudarán las elecciones con los Estados Unidos, es probable que en este paquete ingresen relaciones con Israel u otros países de similar ubicación ideológica. Asimismo, quedó por demás claro que con Venezuela, Cuba y Nicaragua las relaciones no van más. Queda la duda sobre las relaciones con Irán o Rusia y con la propia China. Pero el panorama diplomático boliviano que regirá desde el 8 de noviembre está totalmente claro.
En lo económico la situación se torna muy parecida, pues necesariamente sus definiciones políticas afectan sus acciones económicas. No solo su primer viaje oficial como presidente electo lo realiza a los Estados Unidos, como para ir a dar parte de su triunfo y agradecer el apoyo brindado por ese Gobierno, así como para reiterar (algo que ya lo había hecho en campaña) su plena disposición a seguir sus mandatos imperiales.
“Hay que traer dólares”, dijo, sin importar de dónde vengan ni las condiciones que conlleven. El Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el propio Tesoro norteamericano son quienes devolverán la liquidez de divisas a nuestro país. ¿A cambio de qué? Aún no lo sabemos oficialmente, pero con seguridad ya tenemos suficientes sospechas para ver de qué se trata. La evidencia de casos similares, en Ecuador o Argentina, deberían ser suficientes para imaginarnos lo que se viene.
¿Habrá gasolina y diésel para todas y todos el día después de la posesión de los nuevos mandatarios? Esa fue una promesa electoral y la ciudadanía estará esperando que la cumpla. No vamos a descartar que así suceda, pero bajo qué condiciones, a qué precio, es algo muy difícil determinar. Todo parece indicar, sin embargo, que los ajustes económicos que se vienen no necesariamente serán para favorecer a la mayoría de la gente, sino para recuperar y restablecer privilegios de sectores oligárquicos que vuelven a levantar la cabeza después de cuarto siglo de avance social de los bolivianos.
La unidad superior de la derecha
A regañadientes Tuto Quiroga tuvo que expresar su respaldo al próximo Gobierno. Con seguridad de que si se hubiese tratado de alguien de centro o de izquierda su cantaleta de fraude hubiese puesto en marcha a todo el activismo fascista, como ya sucedió en el pasado. Sin embargo, aun cuando intentó negar su derrota, finalmente tuvo que someterse al mandato de sus patrones. Ellos le dijeron: “Tuto, perdiste, acéptalo, Rodrigo también es nuestro y te ganó, fue más hábil confundiendo al electorado desorientado de la izquierda, no se equivocó como tú en elegir a su vicepresidente ni a varios senadores y diputados que en lugar de favorecerte te perjudicaros, por lo que ahora no tienes otro camino que apoyarlo. Si quieres jugar a opositor, solo estarás haciéndole el juego al Movimiento Al Socialismo (MAS) y a Evo Morales y eso no lo vamos a permitir”.
Quiroga, un fiel soldado de los intereses imperiales no tuvo otra que hacer de tripas corazón y salir a expresar todo su apoyo al nuevo Gobierno, aunque supuestamente sin pedir nada a cambio; pero es muy probable que más pronto que tarde pretenda ser parte de él. Al final son los mismos y representan lo mismo.
Las otras cabezas de la derecha nacional, Samuel y Manfred, no esperaron nada para ponerse de lado del ganador y ofrecerle todas sus armas (llámese senadores y diputados), su equipo económico y lo que el deseara para ser parte del nuevo Gobierno. Hay que ver cómo le va dentro, puesto que por detrás del PDC ya se ha posesionado una vieja corriente naranja que pareciera levantarse desde las cenizas, cual Ave Fénix, obviamente con menos romanticismo y muchísimo más pragmatismo y oportunismo.
Marear la perdiz
La corporación mediática, tras admitir su incapacidad de revertir la popularidad del capitán Lara y del PDC en la segunda vuelta electoral, pese a sus denodados esfuerzos, se ha concentrado ahora en establecer otra narrativa. Paz y Lara están distanciados; no se hablan, se le subieron los humos a Rodrigo, ya no responde las llamadas de su vice. En fin, toda una serie de supuestas informaciones que debieran llevarnos a concluir que esto está empezando mal y que el PDC va a comenzar a gobernar dividido.
¿A dónde apunta aquello? Básicamente a ocultar algo que es mucho más importante que la relación entre los dos mandatarios que si bien no es irrelevante, en esta coyuntura oculta otros temas de mayor trascendencia.
No solo se trata de las relaciones con los Estados Unidos, el retorno de la DEA o las medidas de ajuste estructural en lo económico que ya están prácticamente oleadas y sacramentadas. Pero, a fin de evitar el shock social, los medios deben distraer a la ciudadanía con estos hechos que más parecen sacados de una telenovela turca que de la realidad nacional.
Paz y Lara representan un proyecto de derecha, no de centro ni menos de centro izquierda, como Tuto y sus amigos quisieron hacer ver durante la campaña a fin de captar el voto antimasista. El voto antimasista se dividió entre Paz y Tuto, pero también una buena parte del voto tradicionalmente inclinado, no militante, al MAS, se dejó sorprender con algunos cantos de sirena, particularmente de Lara, sobre lucha contra la corrupción y la defensa de los sectores más vulnerables.
Hoy la izquierda ve el cambio de mando desde los televisores, ya ni siquiera desde los palcos legislativos donde en los hechos ha dejado de existir. Se ha derrochado un enorme caudal de lucha y fuerza acumulada durante años: el campo popular tiene la responsabilidad de reconstruirse, levantar nuevamente las banderas, generar nuevos liderazgos, en un país que optó por girar a la derecha. No será una tarea fácil, pero como alguna vez dijera Marcelo Quiroga Santa Cruz: las elecciones terminan en una determinada fecha, pero la lucha no.
Por Diego Portal



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